The Mandalorian: una máscara de muchas facetas
- César Garbán

- 27 dic 2019
- 4 min de lectura
“I can bring you in warm, or I can bring you in cold”
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana….
Rápida y llena de mucha acción pero sin dejar de ser dinámica y profunda en el espectro emocional, The Mandalorian¸ es sorpresivamente la serie de Star Wars que siempre habíamos querido y tal vez, no sabíamos.
Estas no son palaras dichas al azar: este show, creado por Jon Favreu (Iron Man, Chef, The Jungle Book), logra mezclar de una manera armoniosa y equitativa todo lo que ha hecho cada capítulo de la épica saga maravillosa, pero reconociéndose como una obra propia que no se construye únicamente a expensas de lo pasado. Esta serie es más que cameos y batallas en el espacio: es una historia personal que con extrañeza focaliza su atención de una manera íntima y personal.
Mando, no es, al contrario de lo que se puede esperar, un ser indestructible, imparable y todo poderoso: es un bounty hunter, sí, uno de los mejores, pero es también un ser humano que constantemente se ve sumergido en una cantidad de situaciones que suelen ocasionarle difíciles problemas y de los que no logra salir grácilmente. Es un asesino caza recompensa profesional, es metódico, amenazante e intimidante, pero es también torpe, lento y frágil: un hombre. Esto no significa que es como cualquier hombre de la galaxia; esto nos queda claro en los primeros minutos del primer capítulo. Pero Mando no es un súper hombre: no es un Jedi, no puede desviar los láseres de los blasters y al contrario, suele recibir muchos y poderosos impactos. Mando no es perfecto, está lejos de serlo, pero es lo suficientemente experimentado para hacernos creer que lo es, mientras al mismo tiempo cae y falla miserablemente una y otra vez. Esta es precisamente la fortaleza de la serie.

Ahora, traspasando esta característica superficial y esta primera máscara, viajamos hacia lo interno: Mando no se encuentra en ningún espectro extremo. No es el mejor. Es espectacularmente bueno en lo que hace, pero está lejos de ser un monumento de personaje perfecto y, bajo la misma línea, es un personaje sumergido en dudas, incertidumbres y traumas. Mando está lejos de ser Bobba Fett: la máscara no es reflejo de la simplicidad (o falta) de su personalidad, la máscara típica de los mandalorianos, es, por una parte, reflejo de su propia máscara interna, de una coraza, con la que ha decidido ocultarse del cruel mundo que lo ha maltratado. No es azaroso que los episodios se intercalen con escenas traumáticas de su infancia. Los mandalorianos física y simbólicamente han funcionado como su escudo de protección.
Además, es increíble cómo, a pesar de nunca haber visto el rostro de Mando, podemos entender que detrás del caso se esconden una infinita gama de emociones. Tal vez, como ningún otro personaje dentro de toda la épica de Star Wars. En su interior, Mando acumula el temor de su pasado, la misión de su presente y la esperanza de su futuro. ¿Cuál futuro? Spoilers: la pequeña criatura que salva y desencadena los eventos de la serie, ciertamente despiertan en él una nueva misión que había creído olvidada, un nuevo futuro. Una Nueva Esperanza. No para la galaxia, sino para él.
Cuando Mando ve al pequeño alien, no ve un objetivo, no ve una recompensa, se ve a sí mismo. Este encuentro le despierta una serie de emociones que mantenía en lo oculto de su esencia y no es necesario observar su rostro para entender lo que pasa dentro de sí.
Shock, miedo, ternura, cariño, amor, esperanza: toda esta variedad de emociones se encuentran dentro de él y podemos verla (hasta el momento) en cada uno de los capítulos de The Mandalorian. Sí, la serie ofrece aventuras maravillosas que remite a distintos momentos de la saga original. Esto es increíble. Se puede agregar más: incluso rememora a un sentido y estilo de aventura propio de otras antiguas propiedades como Xena: The Warrior Princess y Hercules, favoritos de los años 90. Pero lo que verdaderamente hace especial y único cada uno de estos episodios es la lucha interna y la convergencia emocional del personaje titular. Mando es lo que nos hace volver capítulos tras capítulo.
Contrario a lo que puede parecer, Mando está más cerca de ser el Übermensch de Nietsche que el “súper hombre” de la cultura pop. Corrección: aún no lo es, pero es emocionante pensar las posibilidades de madurez moral y espiritual que existen dentro del personaje. “The Force is strong with this one.”
The Mandolorian, es una serie para fands de Star Wars, que puede ser entendida y disfrutada sin dificultad por aquellos que no lo son. En el aspecto técnico es impresionante, pero sin duda, su mayor atractivo es su personaje principal que, en tan solo unos capítulos, ha sufrido una serie de cambios tanto externos como internos que lo enriquecen enormemente. Mientras la franquicia se conoce por las historias a grandes escalas del bien contra el mal, la serie acierta en ofrecernos algo distinto y una lucha distinta, no la del bien contra el mal, sino la de las fuerzas internas que mueven y conforman.








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