Mad Men: un clásico de la televisión contemporánea
- Rennyer González

- 3 mar 2020
- 3 min de lectura
What is happiness? It’s a moment before you need more happiness

La década de los sesenta fue una época marcada por el cambio y por algunos de los acontecimientos más importantes de la historia norteamericana reciente: la muerte de Marilyn Monroe, el asesinato de Kennedy y de Martin Luther King, la lucha racial y de géneros, la llegada del hombre a la luna. También fue una década en donde la televisión y la publicidad terminaron de posicionarse como las grandes promotoras del capitalismo sin matices y, a su vez, como los medios más poderosos para convertir nuestros sueños en realidades tangibles, en imágenes y palabras. No es casual que Matthew Weiner eligiera este importante momento histórico para ambientar Mad Men, una de las mejores series televisivas de los últimos 15 años.
La serie narra la historia de Donald Draper (Jon Hamm), el brillante director creativo de la agencia publicitaria Sterling Cooper. Es un hombre que, en apariencia, tiene todo lo necesario para ser una persona feliz y, sin embargo, siempre está en búsqueda de algo más, como si no pudiera estar enteramente realizado o como si las cosas y personas que lo rodean no fueran suficiente para satisfacerlo a nivel intelectual, pero sobre todo emocional. Su característica más notoria es que siempre está mirando hacia el futuro, nunca se detiene, siempre se mueve o intenta moverse hacia adelante. Cuando se ve en aprietos, o cuando ve que otros lo están, repite su frase preferida, la que él dice que lo define: “I have a life, and it only goes in one direction: forward”. Paradójicamente, su pasado turbio y misterioso, del que nunca habla y del que intenta escapar, siempre lo alcanza y pone en peligro la vida que ha construido y sus planes a mediano y largo plazo. Es un personaje que encarna todo el optimismo y fallos del sueño americano, el hombre que se encuentra en constante búsqueda, que sabe adaptarse al cambio, que ve cada situación adversa como una oportunidad de vender y venderse, que no se detiene ante la perspectiva del fracaso.

Mad Men es quizás la serie que mejor describe nuestra relación de amor-odio con la publicidad. La muestra en su lado más descarnado, ese en el que se vale de todo y de todos para alentar al consumo por el consumo mismo, utilizando la palabra como medio de transmisión de verdades lapidarias disfrazadas de mensajes llenos de optimismo y felicidad. Pero también nos deja ver que la publicidad es una forma de arte que apela al hedonismo donde vemos reflejados nuestros más íntimos anhelos, sueños y adicciones exhibidos en palabras que nos convencen de que eso que queremos está bien, que nada malo va a pasar por rendirnos al placer de lo permitido y lo prohibido al mismo tiempo. En el episodio piloto, vemos el momento en el que Don Draper, representante de la casa de tabaco Lucky Strike, debe ingeniárselas e improvisar una frase que pueda proteger la imagen de la industria tabacalera, justo en el punto donde comienzan a surgir los estudios de su incidencia en casos de cáncer pulmonar. "It's toasted" es su respuesta, un slogan corto, sencillo y lo suficientemente poderoso como para contravenir cualquier presunción ética en cuanto al uso de su producto. "It's toasted" suena tan dulce como un café por las mañanas.
A nivel narrativo, Mad Men también marca diferencias con respecto a otras series de televisión al intentar narrar una historia hasta cierto punto independiente en cada episodio, restándole serialización y drama excesivo al relato para que el espectador pueda seguir más de cerca el desarrollo de cada personaje y así entender sus motivaciones, formas de pensar y sentir, hasta el punto de ser capaz de saber qué haría Don Draper o cualquier otro personaje en una situación particular. La serie de Matthew Weiner influenció a otras series más recientes como Bojack Horseman, The Americans y Barry no sólo por su uso inusual de la narración televisiva, sino porque nos mostró que en la vida cotidiana también existen antihéroes, personas que no necesitan ser capos de la droga o asesinos a sueldo con personalidades y sentimientos contradictorios para que los odiemos y amemos a partes iguales.
Episodios recomendados: “Smoke Gets in Your Eye”, “The Wheel”, “Meditations in an Emergency”, “The Grown Ups”, “Public Relations”, “The Suitcase”, “Person to Person”.








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