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La subversión del ciclo narrativo en Bojack Horseman

Actualizado: 1 feb 2020

The key to being happy isn't a search for meaning. It's to just keep yourself busy with unimportant nonsense, and eventually, you'll be dead.

Hollywood y gran parte de la literatura occidental nos han enseñado que los personajes deben tener un arco: comienzan en cierto punto de su vida que por lo general es más bien mediocre o poco interesante de contar, luego inician una aventura de la mano de un agente que los mueve a cambiar, sobrevienen obstáculos, se consiguen con aliados y enemigos, alcanzan un momento crítico en el que ya todo se da por perdido y al final, casi siempre después de un gran gesto o hazaña, salen victoriosos o son definitivamente derrotados. Series y películas emblemáticas como Friends, Breaking Bad o The Godfather han seguido esta tradición y la han instaurado como modelo a ser copiado.

Toda regla, claro está, es susceptible de ser rota y de vez en cuando el séptimo arte o la pantalla pequeña nos regalan joyas que a veces pasan desapercibidas. Es el caso de cintas como Upstream Color, casi cualquier película de David Lynch y, más recientemente, la serie de Netflix BoJack Horseman. Su protagonista es un hombre-caballo ex estrella de la televisión que sufre de una severa depresión de la que se intenta desprender durante el transcurso de la serie. Se cobija en los subterfugios típicos de todo deprimido: el alcohol, las drogas, el sexo, la fiesta y el humor como mecanismo de defensa. Su problema es que siempre acaba solo y hundiéndose en la desesperación, la tristeza y el autodesprecio. ¿La fuente de su depresión? En el presente es un actor pasado de moda con el que nadie quiere trabajar a causa de su megalomanía y autodestructivo estilo de vida; además no sabe lidiar con la imagen que tiene de sí mismo y la realidad en la que se encuentra. Todo lo que sabe o cree saber sobre la felicidad, el amor y la motivación lo aprendió durante su niñez gracias a la televisión, pero la vida adulta le muestra que el mundo es muy distinto, su existencia no tiene nada que ver con la de ningún personaje de ficción y es esa discrepancia entre lo que él es y lo que cree ser lo que le produce tanta angustia.

La vida real no está llena de aventuras, misterios por resolver, cliffhangers, grandes gestos o hazañas que le den un vuelco a tu vida. No es como si un día fueras profesor de química a punto de morir de cáncer y al siguiente te convirtieras en un kingpin de la droga y la mente criminal más brillante del mundo. La ficción —la buena ficción— se mueve en un registro que no se apega a la realidad: todo es progresión, todas las acciones tienen un significado, algo que pasa en cierto momento tiene su repercusión en el futuro. En la vida del hombre común, sin embargo, la línea narrativa no se mueve en una sola dirección y no todo apunta a algo en específico: hay pequeñas victorias, pequeñas derrotas, sorpresas, historias inacabadas y relatos que no dan a ningún lado, pero lo que predomina es la repetición, el tedio de la rutina y la pregunta que se hace Bojack todos los días de para qué se levanta todas las mañanas. Es ahí donde la serie subvierte de cierta manera la forma de contar a la que nos tiene acostumbrados la televisión. Todos sus personajes se encuentran atrapados entre la dicotomía de lo que son y la imagen que tienen de su vida. Las cosas que hacen para ganar afecto, dinero, fama o simplemente reconocimiento no siempre tienen el efecto esperado, a veces nadie las nota, a veces empeoran su situación y otras veces sólo imaginan que las hacen porque el mundo no les permite ser lo que ellos desean. Lo que predomina es el absurdo de la vida diaria en donde la muerte de tu madre puede darte como premio un churro gratis en un restaurante de comida rápida.

La forma de narrar en Bojack Horseman entra en conflicto con los grandes relatos de Hollywood porque no sigue el ciclo que todo espectador espera. Tanto el personaje central como los secundarios siguen caminos dispares, tienen altos y bajos, no tienen una progresión clara, el arco de cada uno no sigue una línea recta y es posible que ni siquiera haya un arco. Cada uno de ellos cambia, pero no de la forma en que esperamos que cambien: a veces parecen superar problemas personales y adicciones con las que lidian por cierto tiempo para más tarde recaer y tener que recomenzar el ciclo en circunstancias distintas. Se engañan a sí mismos pensando que han cambiado y luego caen en cuenta de que no han hecho más que envejecer o cambiar de apariencia física, pero siguen teniendo los mismos miedos, las mismas aflicciones, los mismos vicios y las mismas adicciones. En la vida real los grandes gestos no bastan, hay que ser constantes, es necesario repetir las mismas palabras, las mismas acciones incontables veces para convencerte a ti mismo de que eres feliz y de que has logrado todo lo que te has propuesto, aunque en el fondo sabes que no estás haciendo nada más que mantenerte ocupado para olvidarte de que la vida diaria es una absoluta mierda y no tienes otra opción que seguir adelante, incluso si la mayoría de las veces ni siquiera sabes para dónde es adelante. En un relato normal veríamos al personaje deprimido al principio, lo seguiríamos a lo largo de distintas aventuras hasta que superase su depresión. Mas en Bojack la depresión no es una aventura, es algo con que lo hay que aprender a vivir y tratar de obtener la mejor versión de ti mismo con ella a tu lado.

1 comentario


A pesar de que el enfoque está en la subversión del ciclo narrativo, es curioso pensar que es recurrente que los sueños de muchos tienen una relación con lo que solemos ver como cine, televisión o publicidad. Ese mundo de expectativas y su contraste con el diario vivir pudiera ser una causa de frustración en muchos. Habría que preguntarse sobre la realidad de lo que vemos en los mundos ficcionales y pensar sobre la practicidad de sus grandes hazañas. No es que no sean realizables. Sin embargo, el énfasis en los detalles es algo que no necesariamente nos muestra el cine; pudiera ser excesivo quizás o hasta muy aburrido. Habría que comprender que el tiempo cronológico de un audiovisual no…

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