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Shutter Island: ¡Experimentos secretos nazis y del gobierno de los Estados Unidos!

There is no moral order as pure as this storm.

There’s no moral order at all.

There’s just this: can my violence conquer yours.


Antes de que Leo Di Caprio pudiese controlar los sueños de los demás en Inception, parece que tenía problemas para controlar la realidad. En Shutter Island (2010) se nos presenta gracias a la mano del renombrado director Martin Scorsese como Teddy Daniels, un detective cuyo propósito es resolver un caso de desaparición en una isla de confinamiento para pacientes psiquiátricos peligrosos. Con un pasado lleno de cicatrices psicológicas y emocionales por la Segunda Guerra Mundial y la trágica pérdida de su esposa, a Teddy se le han templado los huesos y el carácter; agudo y desconfiado, comienza su investigación junto a su nuevo compañero, Chuck Aule, interpretado por Mark Ruffalo.


La película conjuga distintos elementos vívidos de conflicto, todos envueltos en una atmósfera bastante amenazante, en un juego donde resolver el misterio es armar la realidad. Musicalizada con una orquesta donde el órgano suena tan alto que es capaz de inocular una sensación tormentosa que pone los pelos de punta a cualquier espectador, junto a una estética noir, o negra, detectivesca, donde aparecen las icónicas gabardinas y sombreros beige de los años '50, '60, que le dan ese toque old school a nuestros protagonistas. Visualmente, Shutter Island no es una revelación ni un éxtasis para los ojos, aunque conjuga bastantes metáforas visuales que pudieran catalogarse como surrealistas gracias al manejo del tema de los sueños y las alucinaciones. Lo más destacable es la narración de este filme, una historia que se va armando con pequeños detalles que parecen estar allí como un cáncer silencioso, como el germen de una enfermedad que pasa desapercibida en el diálogo y ante nuestros ojos. La gracia de ser un detective es conseguir finalmente una revelación que ha estado casi a simple vista en los detalles y, el juego final de esta historia, pudiera decirse que está en la intriga despierta de cada espectador, de cada uno de nosotros que seguimos la historia, no para que el detective la resuelva, sino para jugar junto a él a descifrar un misterio.


El recurso más fuerte, o el conflicto principal pareciera ser el enfrentamiento entre lo que es real para todos y lo que es real subjetivamente. Teddy es, básicamente, un sujeto quebrado que busca reivindicar o zurcir un mal mucho más grande que un simple crimen, pues sospecha que toda la isla es un escondite de nazis que, financiados por el gobierno norteamericano, utilizan esta institución para realizar experimentos psiquiátricos ilegales. Una gran conspiración bajo las narices de nuestros detectives, al borde de ser avasallados por el sistema. Una gran cantidad de detalles y metáforas visuales permiten que la realidad de la historia sea puesta en tela de juicio, hasta por fin resolver el conflicto. ¿Pero, al final qué queríamos ver; la historia de un héroe, o antihéroe, triunfar sobre las instituciones que lo acorralaban, o acaso descubrir que todo esto era una fachada para encubrir asuntos más turbios?. En última instancica, la verdad en la que cree Teddy Daniels está fundamentada en la integridad moral de este centro.


En una reveladora escena, uno de los oficiales de la isla, con marcado perfil militar y nórdico, recoge a un Teddy extraviado y nervioso en su carro y le dice “There is no moral order as pure as this storm. There’s no moral order at all. There’s just this: can my violence conquer yours?”. Esta conversación se enmarca en la cámara con dos símbolos antagónicos: el detective vestido de paciente, que hemos aprendido a entender gracias al conocimiento de su trágico y violento pasado, y el del oficial, perfectamente pulcro e integrado a un sistema que mantiene el orden en un espacio de desequilibrados mentales. Podría decirse que, históricamente, la imposición de la verdad o de un discurso sobre otro implica un cierto nivel de violencia en cuanto se perciba como una imposición. Es decir, las guerras de dominación entre sistemas políticos, naciones e ideolgías han sido una constante lucha en distintas escalas, desde la intelectual y discursiva, hasta el conflicto bélico armado a gran escala. Como resultado de esta lucha, tiende a tomarse como oficial y correcto el discurso de quien se alce victorioso. Y en el caso de Shutter Island, esta aseveración permite cuestionarnos sobre las razones por las cuales creemos en una verdad sobre otra; desde lo que consideramos como salud mental, hasta una verdad histórica. Quizá podamos resumirlo en esta idea: la realidad de cada uno de nosotros se conforma por los hechos de un pasado que creemos cierto, ¿o acaso Teddy no buscaba, más que la venganza por la muerte de su esposa, exponer la realidad de un sistema moralmente enfermo? La historia que nos contamos y creemos como individuos tiene una razón de ser en el pasado que creemos y lo que ulteriormente este significa para nosotros. Pero ¿qué tan violentos podemos ser realmente para imponer nuestra verdad?


La película funciona como la ilustración de un personaje que, más allá de representar permite cuestionar la naturaleza endeble y subjetiva de nuestra psicología como seres humanos, al mismo tiempo que genera una serie de preguntas ulteriores sobre la realidad individual y la colectiva, de la mano de una impecable actuación de Di Caprio, donde hace gala de su capacidad para crear emociones tan palpables, como verosímiles y desesperantes.


¿Una buena película de detectives? Quizá sea posible también decir que es una buena historia sobre la psicología y las consecuencias del trauma de la pérdida y memorias de todas las relaciones que nos mantienen estables y saludables para funcionar dentro de un sistema social. Todo está allí, dado por migajas, pero resuelto en algunos plot twists que pueden resultar incómodos, aunque ultimadamente justificables. Un final abierto nos lleva a preguntarnos ¿realmente Teddy Daniels delira, o es que se nos escapa algún detalle? ¿Cuánta violencia estamos dispuestos a asumir para imponer una verdad?


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