Entre la locura y lo sobrenatural: las manifestaciones de terror en The Shining
- Leñadores Cibernéticos

- 19 oct 2020
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Actualizado: 26 oct 2020
I dreamed that I, that I killed you and Danny. But I didn’t just kill ya. I cut you up in little pieces. Oh my God. I must be losing my mind.

Algunos integrantes del equipo de producción confesaron que, a lo largo del rodaje, Stanley Kubrick fue tan perfeccionista que en cierto momento recurrió a la presión. Su aparente actitud obsesiva generó que Shelley Duvall repitiera más de cien veces la escena en la que corría llevando un bate, fue un instante que la actriz describió como de tortura y humillación; determinar la música que acompañaría la proyección también representó un desafío, por eso se llegó a la conclusión de que lo mejor sería mezclar las composiciones realizadas por Wendy Carlos y Rachel Elkind con los himnos medievales, así como utilizar algunas canciones y sinfonías que predominaron a mediados del siglo XX, destacando las de Krzysztof Penderecki, Béla Bartók, Ray Noble, Jack Hylton y Gyorgy Ligeti.
Elaborar el guión, por otro lado, fue un reto que el director decidió asumir y la única colaboración que aceptó fue la de Diane Johnson. Juntos deconstruyeron el texto de Stephen King que se publicó en 1977 y, enfocándose en los aspectos generales o superficiales de la trama, armaron una nueva historia donde la minuciosidad, las localizaciones, los libretos y los sonidos fueron claves para que The shining no se reconociera únicamente como una obra eficaz, sino como una película alegórica donde no se establece fronteras entre la locura y lo sobrenatural.
Desde que empieza el filme, la realidad de los personajes se distorsiona. Una realidad que –debido al temperamento de Jack y al comportamiento particular (o la habilidad) de Danny– ya contaba con varias fisuras. Es por ello que la primera impresión que tenemos es la de una familia que pretendía reiniciar su vida en un nuevo lugar y quizá sea verdad; pero también es una noción ingenua que se diluye rápidamente porque, a los pocos segundos, entramos en un mundo de suspenso que de manera paulatina adquiere un tinte de terror, donde la pérdida del control físico y mental sumergen a los Torrance dentro de sus propios miedos.
Es como manifestar que en el hotel Overlook se exteriorizan los fantasmas internos de los protagonistas. El aislamiento, la frustración por no saber cómo continuar su obra y la soledad hacen que la supuesta fortaleza de Jack se derrumbe y acuda una vez más al alcohol, cuyo efecto no se reduce a una conducta agresiva sino a la aparición de figuras ensangrentadas, voces asesinas que lo aconsejan y una mujer que se descompone. Presencias que posiblemente son producto de la imaginación del personaje escritor, que lo impulsa al debilitamiento del yo racional y al nacimiento de un Jack homicida.Suceso que no solo aterroriza a Danny y Wendy, sino que genera una sensación de temor en el espectador. Sentimiento que se transmite a través de las pausas que se van intercalando entre los diálogos y las escenas que disminuyen su ritmo de progreso, causando incertidumbre e inquietud.
Las imágenes en primer plano de pupilas dilatadas, respiración acelerada, labios entreabiertos, o formando una curva, pasos amplios, una pelota rebotando, la palabra murder reflejada en el espejo y un puño traspasando la puerta son recursos que empleó el director para crear un ambiente de angustia. La fragilidad e histeria de Wendy, la persecución de Jack y la lucha de Danny por encontrar una salida (o huir) son elementos que hunden al público en la desesperación. En el transcurso del largometraje percibimos, incluso sentimos, las reacciones violentas y desequilibradas de Jack.

Sin embargo, no podemos considerar que la locura es el único tema que resalta en la película, pues –aunque en ninguna secuencia se recurre a exorcismos ni a una oscuridad absoluta– es importante destacar que desde los primeros minutos Danny nos presenta a Tony, al que luego le dan el nombre del resplandor, una cierta magia que vive dentro de él.
Lo sobrenatural acompaña esta cinta desde el inicio, el hotel –aparentemente normal– está inundado de un aura inquietante que acompañado del guión, la fotografía, la música y el uso de los tonos blanco/azul y rojo recrean y a la vez fragmentan el estado de tranquilidad y meten al espectador en el trance ansioso del qué pasará.
El hotel absorbe las almas de aquellos que mueren en él, como podemos ver con Jack o el anterior cuidador. Tiene ansias por absorber el resplandor de Danny, acabar con su magia.
No es la primera vez que Kubrick crea una obra que se convierte en cine de culto y que se vuelve referencia por lo icónico de sus escenas. Todos recordamos la mítica escena de Jack atravesando la puerta y Wendy sumida en el pánico sosteniendo el cuchillo o la persecución a Danny en el laberinto en el que la ansiedad y el miedo a ser perseguido traspasan la pantalla esperando lo mejor para el niño.
Incluso podríamos decir que desde un primer momento los diálogos nos indican el miedo que los personajes (y nosotros) pasaremos a lo largo de la cinta. Cuando Jack habla con el gerente del hotel y mencionan el síndrome de la cabaña nos preparan para lo que vamos a encontrar. Nos adentran en el fatídico destino de Jack al volverse loco, en el sufrimiento de Wendy por querer salvar a Danny y en Tony, el resplandor de Danny, que podemos decir que es lo que lo salva al entrar a la habitación 237 y salir del laberinto con vida.
Para los amantes del cine de terror esta obra es un referente gracias a la maravillosa actuación de Nicholson, los elementos estéticos, un guión increíble que se consolida gracias a la banda sonora y la fotografía que elevan la cinta a otro nivel, sin duda alguna nos encontramos ante una de las grandes obras de Kubrick.
A ti, ¿qué te atrae de este film?

Escrito por Scarlin Escalona e Irene Lamas.








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