Eren Jaeger, un personaje en conflicto: la maniobra del diálogo en Shingeki no Kyojin
- Scarlin Escalona
- 16 ene 2022
- 5 min de lectura
La curiosidad humana no es algo que se pueda reprimir con palabras

Vivir entre muros y percibir cómo para la mayoría de los eldianos esas extensiones de piedra son un resguardo: unas burbujas por las cuales se desplaza un aire de sosiego y se respira una paz amurallada. Sentirse atrapado. Alzar la mirada y apreciar cómo las aves continúan su vuelo más allá de las paredes grises que los rodean, que son como pantallas apagadas que no proyectan las luces del exterior. Anhelar la libertad de aquellas aves para deslizarse cerca del irisado cielo y alejarse hacia distintos rumbos. Soñar con conocer, con entender, qué se oculta detrás de las murallas porque el único contacto que se ha tenido con ese mundo son los silencios de negación de los guardias de expedición. No hay certezas, solo heridas: cuerpos desmembrados, el fragmento de un brazo y ojos vidriosos. Pero en un instante, como pocos imaginan y casi nadie lo espera, la seguridad se evapora: la tierra retumba como si su corazón hubiese explotado, chispas de fuego estallan, nubes de humo se expanden y la sombra del titán colosal va cobijando el lugar. El terror opaca el ruido y traza los rostros porque las puertas de dos muros fueron derrumbadas.
Al final las murallas no impiden la devastación y Eren Jaeger corre, corre porque su madre está sola en el hogar; aunque ya no hay hogar, sino ruinas y los gritos de la mamá que emanan debajo de la destrucción, suplicándole que huya, justo cuando una figura descarnada la aferra. Eren escucha cómo se rompen los huesos de la mamá al ser masticada por la presencia informe y ve cómo rebotan las lágrimas y las gotas de sangre, mezclándose, similares a una lluvia inesperada. A partir de ese momento comprende que el dolor no se olvida.
A través de estas imágenes se aprecia que Hajime Isayama presenta un personaje con objetivos sólidos. Así como Son Gokú procura ser cada vez más fuerte y Gon Freecss busca el título de mejor cazador con el fin de encontrar al papá, Eren pretende liberar a la humanidad de la jaula en la que se hallaba encerrada y el medio que cree más conveniente para materializar sus anhelos es descifrar los hechos que limitan, pausan u oscurecen la realidad. De ahí que este personaje, desde el inicio del anime, muestre la determinación de ingresar al cuerpo de exploración: ser uno de los integrantes del grupo de reconocimiento con el propósito de examinar el exterior, combatir a los titanes y destejer las dudas en las que están enredadas el pasado y el presente de los eldianos. A partir del quinto minuto del primer capítulo se observa, entonces, al niño Eren motivado por la curiosidad y la admiración.

Retrato que se modifica al poco tiempo, luego de que la desolación causada por la invasión de los titanes se asentara en el hábitat y pensamientos de aquellos que consideraban los muros como un refugio: unión de casa, historia, verdad y estabilidad. Las secuencias fotográficas que se exhiben después de esa escena detallan a un Eren que se muerde la tristeza para contener las ganas de llorar y, desde esa ocasión, su curiosidad se empieza a revolver con el ansia de venganza, sentimiento que no solo lo guía durante las dos primeras temporadas sino que actúa como una especie de lumbre y así se refleja en sus expresiones: ceño fruncido, el destello de ira que irradia en el iris, la comisura de los labios elevada o los dientes apretados. A pesar de que su esfuerzo al principio parece vano, este personaje descubre que porta el poder del titán fundador: un posible héroe que re-estructure la dirección de los acontecimientos. Motivo por el cual señala que la humanidad todavía no lo ha perdido todo, esperanza que se disipa en la tercera temporada cuando en el sótano de su padre encuentra una foto –objeto inédito– y algunos escritos que demuestran que aún hay hombres que radican más allá de las murallas. Los eldianos no están solos, las personas no están agrupadas en un espacio restringido. Información que se expande cuando se lleva a cabo el contacto entre Historia Reiss –descendiente directa de Ymir, primer ser demoníaco– y Eren, avivando la habilidad del fenómeno que vive en su interior, que es percibir lo que vieron sus anteriores poseedores y observar lo que podría ocurrir en el porvenir.
La memoria –expuesta en las letras de los libros, las ilustraciones y los recuerdos grabados mediante la mirada y las emociones de otros– es el factor que va condicionando al protagonista de Shingeki no kyojin. Por medio de las evocaciones del antiguo portador del titán fundador, Eren comprende que las masas amorfas con las que luchan y a las que tanto solían temer no eran más que individuos cuyos organismos estaban siendo alterados. Los titanes son un invento del hombre, mejor: él es un instrumento científico, es parte de un proyecto premeditado, la pieza de una guerra sin fin. No es un salvador, sino un soldado que se puede desechar. Al igual que los Ackerman quienes fueron creados para proteger las fuerzas de las figuras sobrehumanas o para preservar la estirpe de Ymir. La vida no ha dejado de girar en torno al rechazo, el reconocimiento ficticio e intereses, los sujetos siguen colocándose unas máscaras y estrechan sus manos si tienen propósitos en común, se despojan de las caretas al momento de concretar sus ideas, aun cuando ello significa traicionar las raíces o los vínculos de afecto. Razón por la cual el rencor que se dibuja en el rostro de Eren se transforma en hastío: sus párpados denotan agobio y las comisuras de los labios se curvan.
Con esa imagen se cierra la tercera temporada y la cuarta inicia con la señal del paso del tiempo, pues se visualiza a un Eren que abandona la etapa de la adolescencia e ingresa en la edad adulta donde las líneas de cansancio y hastío que marcaban sus facciones son ocupadas, algunas veces, por una aparente indiferencia y otras por la rabia. Esa última temporada se podría categorizar como conceptual, esto es porque las anécdotas de los capítulos transcurren con mayor lentitud, destacan las escenas en primer plano y encuadres medios con la finalidad de que el espectador identifique las intenciones de los personajes a través de sus gestos y disminuyen los cuadros de enfrentamientos bélicos. Son episodios explicativos y de revelación: exponen quiénes son los verdaderos aliados y adversarios, indican que el fanatismo es el enemigo que adquiere más potestad y Eren es testigo de que la justicia y la libertad no existen, son producto de la imaginación ya que cada hombre -en su cotidianidad- es un esclavo. Ser consciente de ello lo impulsa a tantear la idea de re-generar el sentido del mundo y el modo de lograrlo es activando el retumbar: despertando a los titanes que están dentro de las murallas para que destruyan a la humanidad.
De esta manera se aprecia que Eren es un personaje que cambia a lo largo del anime, pues tanto su aspecto físico como su capacidad de influir en los demás varían constantemente; sin embargo no evoluciona, ya que se sumerge en sus conflictos internos, negándose a valorar otras visiones y opiniones. A diferencia de Gon y Gokú que aprendieron a empacar sus objetivos principales cuando era necesario y a disfrutar del recorrido, el protagonista de Shingeki se hunde en un pozo permitiendo que un eco ilusorio lo convenza de que la muerte es el único camino para abrazar el albedrío (¿o su actitud, quizá, sea solo una estrategia?).












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