Harry Potter and the prisoner of Azkaban: sobre la dirección, psicología y el entorno
- Scarlin Escalona
- 1 sept 2020
- 4 min de lectura
Actualizado: 31 oct 2020
"Mysterious thing, time. Powerful, and when meddled with, dangerous".

¿A quién no le gustaría contar con habilidades sobrenaturales y, a través de hechizos y pociones, encontrar la fórmula mágica que cesara con los temores o preocupaciones que cobijan nuestra cotidianidad? ¿Quién no deseó –en algún momento– recorrer un espacio encantado, que sobresaliera por sus infraestructuras antiguas y donde hubiese sido normal ver una paleta de caramelo flotando, o huellas que se van dibujando en el piso nevado y que dichos actos fuesen ejercidos por un ente invisible, cuya presencia no fuese sinónimo de asombro ni de horror?
Pero hasta esas acciones, peculiares o maravillosas, suelen ser extrañas en el mundo de los magos. Esto es porque el desplazamiento de seres invisibles no deja de causar desconfianza entre aquellos que habitan en la realidad creada por Joanne Rowling, donde, al igual que en el universo de los muggles, es prácticamente imposible evadir el transcurso del tiempo y evitar los miedos que emanan en las distintas etapas de la vida. De esa manera se retrata en la tercera película de la saga, titulada Harry Potter and the prisoner of Azkaban y que fue dirigida por el mejicano Alfonso Cuarón. Director que, de acuerdo con sus palabras, al principio no estaba seguro de realizar el filme y una de las razones era que no se sentiría cómodo planificando una cinta que ya contaba con dos producciones que proyectaban estilos tan diferentes al suyo. Suceso al que se le aunaba el pequeño detalle de que desconocía la trama de los libros; sin embargo, la motivación de Guillermo del Toro y la lectura del guion (elaborado por Steve Kloves) lo impulsaron a aceptar el proyecto.

Acontecimiento que, quizá, fue un alivio para Warner Bros ya que –para inicios de 2003– la dirección de la película había sido rechazada por Marc Foster, Callie Khouri y del Toro; pero ¿quién mejor para asumir la voz de mando que Cuarón? Hombre polifacético que en sus obras Y tu mamá también (2001) y La princesita (1995) demostró que dominaba los temas de la magia y la adolescencia.
A pesar de que el productor mejicano tuvo que relacionarse con la historia desde la raíz y de las dificultades que se presentaron al momento de buscar un director de fotografía (seleccionando al final a Michael Seresin), es posible expresar que –aunque the prisoner of Azkaban no sea su mejor filme– este resaltó por las escenas naturalistas y muchas veces sombrías; la recreación del guion, que no se adaptó de manera fiel a los diálogos de los textos; el período de duración, el cual fue más breve que el de las películas anteriores y la vinculación que hubo entre el sonido y las emociones de los personajes.
Dos de esos aspectos ocasionaron que la cinta recibiera las nominaciones a la mejor banda sonora y mejores efectos especiales en los premios Óscar del año 2005, sin obtener ningún galardón; pero, más allá de los efectos y elementos estéticos, la labor de Alfonso Cuarón destacó por los roles que les otorgó a los tres actores principales, los cuales se fueron distanciando del papel de niños héroes para asumir el de víctimas de las hormonas y de los pensamientos.
Las inseguridades, dudas, complejos, ilusiones y el ansia por (re)conocerse fueron algunos de los rasgos psicológicos que los protagonistas se enfocaron en exhibir a lo largo de la película y que la producción reflejó de dos formas: mediante las tomas de plano general y el primer plano donde –es conveniente destacar– creemos que ambos encuadres cumplieron una función descriptiva.

Las tomas en primer plano –que fueron pocas– generalmente se emplearon para retratar los gestos de discordia, satisfacción o desinterés de los actores, así como para mostrar la deformación de sus fisonomías; estas imágenes se utilizaron para darle un sentido grotesco o sutil a las escenas. Mientras que las tomas del plano panorámico –que fueron las más comunes– no solo tuvieron como fin contextualizar la trama, sino unir los sentimientos de los personajes con los paisajes.
De cierto modo, el propósito de Cuarón fue transmitir la idea de que ni en el mundo mágico se podía huir del pasado, del dolor producido por la muerte, del ansia de querer ser otro y de los cambios que surgían con el correr de los años, aunque se tuviese un gira-tiempo. Debido a ello –con el objetivo de exteriorizar que Harry, Ron y Hermione se enfrentaban tanto a los hechos pretéritos como a sus fantasmas emocionales– se recurrió a un entorno entre gótico y barroco: de claridad y oscuridad; minucioso, pero misterioso; de pasadizos secretos y un bosque grisáceo, donde era posible hallar murciélagos, hipogrifos, ratas, algún licántropo, gatos, un perro gigante, cuervos y –por qué no– hasta un recuerdo inesperado.
Un ambiente que también estuvo constituido por numerosas pinturas rasgadas, velas con forma de columna vertebral y por rayos de luz donde se veían danzar diversas motas de polvo. Todo para comunicar que la realidad fantástica de Potter era más amplia de lo que parecía y que Harry fue elegido para afrontar una lucha que había iniciado décadas atrás.
Es como expresar que, a partir del prisoner of Azkaban, el joven mago comenzó a tejer su propio camino. Esto fue porque ya no percibía el regreso a Howgarts como un instante de aventura y aprendizaje o un lugar donde jugar al detective, sino como un espacio donde se cruzaría con los susurros del pasado que, de una manera u otra, condicionaron su presente y ahora le tocaba decidir si quería o no que aquellos sucesos determinaran su futuro.
Escrito por: Scarlin Escalona (@scalona_).








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