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Booksmart y el año de las mujeres en el cine

"Name one person whose life was so much better because they broke a couple of rules."

-Amy


El 2019 nos dejó obras cinematográficas increíbles y conmovedoras. Es posible que incluso fuera uno de los mejores años de la década para el cine, y entre los títulos más prestigiosos e innovadores, se cuentan varios dirigidos por mujeres. Se pueden mencionar The Farewell (Lulu Wang), Clemency (Chinonye Chukwu), y el documental nominado al Oscar For Sama (Waad al-Kateab). No se trata de que los films sean buenos simplemente porque tengan una conducción femenina, pero es una feliz coincidencia que estos films también hayan sido aclamados por la crítica y el público por igual.


Cada vez más vemos a directoras de dramas y comedias como Ava DuVernay (Selma), Greta Gerwig (Little Women, Lady Bird), Lynne Ramsey (We Need To Talk About Kevin), e incluso de franquicias gigantes como Patty Jenkins (Wonder Woman), tomando espacios anteriormente reservados para hombres, como lo es la silla del director. Desde que inició su carrera en la industria, la actriz y directora Olivia Wilde siempre tuvo la intención de participar en todos los aspectos de la producción cinematográfica, y a pesar de que las mujeres representan apenas el 33% de los directores trabajando hoy en día, Wilde pudo cumplir y entregarnos un satisfactorio primer film: Booksmart.


Muchos han comparado su premisa con la de Superbad (Greg Mottola, 2007), y efectivamente hay suficientes similitudes como para sugerir que es una "versión femenina". La historia gira alrededor de dos amigas, sobresalientes académicamente pero socialmente ineptas, en su último año de secundaria. El inminente paso del colegio a la universidad las impulsa a tener una primera (e irónicamente, última) noche de rebeldía, con alcohol, drogas y fiesta, en la que una o más cosas pueden salirse de control. El principal objetivo de la película es mostrar cómo dos chicas tan bien portadas pueden romper las reglas por apenas un rato, y la directora logra hacerlo sin caer en lugares comunes. Ninguna de las protagonistas busca aprobación masculina, ni pretende ser una belleza de instagram, ni sueña con un final feliz romántico heterosexual. La película se siente refrescante porque la presión académica y el afán de superarse queda atrás por al menos unas horas, y las chicas son libres de arriesgarse, a pesar de que luchan constantemente con querer “portarse bien”. Es interesante porque es una historia pocas veces contada desde la perspectiva de dos chicas.


Las protagonistas Molly y Amy, genialmente interpretadas por Beanie Feldstein y Kaitlyn Dever, viven situaciones muchas veces absurdas y coloridas (como accidentalmente esnifar cocaína), y otras que las hacen reflexionar sobre la naturaleza misma de su amistad aparentemente incondicional. Un paseo extremadamente entretenido, (no exento de chistes sobre sexo lésbico y mafias), acerca de lo que significa separarte de tu mejor amiga, incluso cuando aún la tienes cerca. Feldstein se destaca del resto, con un excepcional manejo del timing en su comedia, que le valió una nominación a los Globos de Oro.


La película en ocasiones se siente demasiado obligada a parecerse a otros films, parecidos a los del director Judd Apatow (Virgen a los 40), y utiliza muchos chistes escatológicos a su usanza. Sin embargo, logra mostrar su propia identidad en una de mis escenas favoritas, en donde Amy y una compañera de clase tienen un acercamiento sexual en el baño de la fiesta. Una versión normalizada y sin tabúes que debería ser ejemplo de muchas películas por venir.

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